"...como arrastro pesado
el aire de metal,
arrastro pesado palabras.
Escribo pesado
arrastrando el sentido sentido
que no puedo
más que arrastrar
como arrastro pesado
el aire de metal.
Y surco el papel
aro el papel
papel arado para sembrar."

22.9.09

un beso es una promesa

28.5.09

Microrelato

En la estación la estaría esperando Manuel para pasar el fin de semana lejos de la ciudad, respirar otro aire, tomar mate. Pero esas vacaciones ya habían empezado para Nina. Retomar la novela que él le había regalado era parte del plan de hacer esas cosas para las que nunca se hacía el espacio, como disfrutar de un viaje en tren y olvidarse del tiempo reloj.
Sentada junto a la ventana, entre párrafo y párrafo miraba el paisaje: cómo la ciudad abarrocada de cemento se iba volviendo desierto verde y celeste. Si lograba entrar en la novela, ver a los personajes, habitar ese espacio, habría logrado mucho más que leer una novela. Pero había sido un viernes sofocante y era difícil no pensar en los papeles desordenados de su escritorio y en los detalles del contrato que había cerrado esa mañana. Y en Manuel. La estaría esperando con el auto en la estación de Santos Lugares para llevarla a la quinta. Tendría la mesa lista y llena de flores para cenar en la galería, bajo los farolitos coloniales.
Nina sacudía la cabeza como desparramando sus preocupaciones al suelo y volvía a asomarse al libro. Sin despegar los ojos de la novela, se veía a sí misma iluminada con la luz de la ventana, leyendo, el cuerpo apenas sacudido por el vaivén del tren. Esa imagen le gustaba: ella en un doble viaje, rodeada de gente en sus propios viajes, algunos durmiendo, otros escuchando música, otros mirando hacia delante y uno… mirándola a ella.
La mirada era constante y le pesaba, pero decidió no levantar la vista y envolverse en la novela. Leía lo mismo una y otra vez, se detenía en el dibujo de las letras. No paraba de pensar en lo contento que se pondría Manuel cuando llegara y le dijera que había terminado el libro, que lo había leído de un tirón. Sería prueba de su amor, de su entrega, ceder al movimiento del tren y que la lectura avance con su ritmo. Como el viaje a la quinta. Nina por fin en el mundo de Manuel. Pero le costaba dejarse llevar. No podía pasar de la segunda página y la mirada aguja de aquel hombre persistía. Era inevitable constatar de reojo que el de saco gris la seguía observando. Ya agotada, levantó la cabeza y lo miró de pleno. El hombre no se vio inhibido y ella tardó unos segundos, pero lo reconoció.
Después de siete años de relación, Pablo había viajado a España y a los tres meses, en un llamado, le dijo que se quedaría a vivir ahí. Habían pasado cinco años.
Pero Nina no se acordó de eso, del final, de los enojos irreparables y las tristezas oceánicas, ni de todo el palabrerío que vino después. Nina giró rápidamente la cabeza hacia la ventana y se acordó de los ataques de risa, de cortar papelitos de colores hasta las tres de la mañana y de domingos con el sol astillando los vidrios del cuarto. Se acordó de lo fácil que era amar a Pablo.
Próxima estación: Santos Lugares. Cerró el libro sin terminar y lo guardó en su cartera. Manuel la estaría esperando. Como siempre. Nina sabía que debía llegar sin negocios ni urgencias, sin ruido. Leer la novela habría sido estar un poco más cerca de eso.
Sacó el bolso que había puesto debajo del asiento, pidió permiso y caminó por el pasillo. Pablo venía desde el fondo del vagón. Ella se detuvo junto a la puerta. Él frente a ella. Nina apoyó el bolso en el suelo para tener los brazos libres y se rió chiquito. Se quedaron entreverados, contra la puerta. Levantando un muro.

11.3.09

Agua estancada

La lluvia a veces
trae tormentas
pasadas que sólo
descansaban en las nubes.

Las hace llover
las deja tiradas
en el suelo desparramadas
gotas que hacen
mares que ahogan.

Desde el suelo nos miran
se cagan de risa
retorno del mal.

Inevitable que veas
tu cara en el reflejo
te muestran que es
arrugada y canosa
¡ay!
la misma cara.

21.2.09

la Vida es un chistedemalgusto

17.2.09

Ella, todas las mañanas, al levantarse, se calza sus zapatos


No piensa
cuán equivocada
cuán violenta
cuán débil
cuán justa

No piensa
a quién humillar
a quién gritar
a quién mandar
a quién pisar sin Poder

No piensa
su esfuerzo para encubrir
su débil memoria
su débil corazón
su débil razón

No piensa
un culpable
un estúpido
un desafiante
un justo

No piensa
no siente pena de sí misma
no se siente
no se da tiempo
no se contempla

Ella
todas las mañanas
al levantarse
se calza sus zapatos

Tertulia de baldosas


Un espinazo por el luto
Penumbra de velador
Parsimonioso pañuelo
Y el furor deshilachado
Castañeando en el espanto

Devorarse los gestos
Un coro de cabellos tiritantes
Y un dolor emperrado en subir hasta las

.................................................[narices

Sopor de péndulo
Llanto de ceniza
Epílogo de llanto
El gesto más antiguo del mundo

15.2.09

Son las palabras

Las pralabas
Las braspala
Las pralabas
Las ablapras
Las salbrapa
Las palsabra
Las alabras
Las brasala
Las sablara
Las pabras
Las labras
Las sara
Las bara
Las rasa
Las asa
Las aaa
Las bra
Las bla

14.2.09

Ganas de escribir

, de dibujar con tinta negra inventada, de sentir cómo retumban los sonidos, cómo se rebotan unos a otros, se hacen ecos, de sentidos, de ritmo, de cantidad de sílabas, de vocales alargaaaaaaadashasta que aparece la siguiente, la que encaja. Ganas de verlas, cómo se doblan en estas manos virtuales que tengo en la cabeza, metal que se vuelve goma, como un reloj en la tela de Dalí, así las palabras, así mis ganas, así mis manos sobre ellas, gotitas de metal que mojan mis ojos.

1.12.08

Cirana VI

..Ya en el colectivo Cirana sigue pensando en Franco viajando en su cuaderno. Quiere sacarlo de su bolso y seguir escribiendo pero tiene que esperar que se desocupe un asiento. Mira a su alrededor a los pasajeros que van sentados. Hace apuestas consigo misma por quién se bajará primero. Observa las caras, cómo miran por la ventanilla, si alguno parece atender a la altura de las calles. Se fija en cómo agarran sus cosas, si las mujeres se acomodan la cartera, o los hombres doblan sus abrigos en un brazo. Mira la posición de las piernas y las manos, si alguno se apoya en el caño del asiento de adelante, si ponen un pie en el pasillo preparando el músculo para pararse. Pero Cirana pierde todas las apuestas. El 108 se llena cada vez más y ella se deja caer en la suerte de que el hombre sentado enfrente, baje pronto.
..Para pasar el tiempo, o para no perderlo, Cirana intenta ir escribiendo en su pensamiento la continuación del encuentro con Franco en el colectivo. Cirana hace foco en el gesto de Franco al reconocerla. Se concentra en sus ojos, en sus cejas arqueadas, en su postura un poco encorvada, en sus manos alcanzándole lo que cayó de su cartera, en sus manos…….. Sus manos. Franco juega con los anillos de Cirana. Con la cintita roja que tiene atada a la muñeca con tres deseos. Compara el tamaño de su mano con la de ella. La encierra en su puño. Juega mientras Cirana le cuenta lo que hizo desde que se levantó. Juega mientras esperan en la Plaza a que lleguen sus amigos. Cirana está mirando su mano ahora aferrada al caño del asiento del colectivo y siente algo que no le gusta. Siente el recuerdo. Cirana se da cuenta de que la Plaza y las manos de Franco no están lejos. Cirana no recuerda, hace presente.
..Se mira en el reflejo de la ventanilla. Mira el pelo corto que flota alrededor de la cabeza, mira los aros de cuentas celestes colgando al lado del cuello, mira el vestido amarillo con flores blancas, y mira la mano. Mira a Franco jugando con la mano. Mira los dedos sin anillos, la muñeca sin pulsera. Mira a Franco jugando. Vuelve a mirar a Franco sorprendido al reconocerla. A Cirana se le va agitando el pulso. No se reconoce en ese reflejo, como Franco no la conoció. Se inquieta. Se agacha un poco para ver a través de la ventanilla por dónde va el colectivo, mira a los pasajeros detrás suyo, la parte trasera del colectivo, la parte delantera. Vuelve a mirarse en el reflejo del vidrio. No se encuentra. Es de noche y ahora la calle está demasiado iluminada. No se ve en el reflejo pero sigue mirando a Franco y siente que la mirada se le afloja, que los ojos con los que mira son ahora blandos y suaves como los movimientos de las manos de Franco cuando juega con las suyas. Cirana se da cuenta de que necesita volver a sus ojos y sentirse presente en el colectivo. Es necesario. No, es urgente. Cirana no se detiene. No le sale. Pero es urgente. Llega su parada y baja del colectivo. Sus pasos, uno a uno, son pesados y lentos. Es urgente. Cada paso y cada imagen de Franco lo hace más urgente. Tiene que deshacerse de todo eso porque Cirana es Cirana, la-mujer-que-floreció. Repite su nombre varias veces para adentro. No alcanza. Lo pronuncia bajito y algo pasa. Cirana levanta las cejas. La urgencia se ha calmado un poco. Las piernas van dejando la rigidez y acelera el paso. Cirana sabe qué debe hacer. Sólo necesita llegar a su casa. Las dos cuadras restantes las camina con pasos largos y rápidos mientras dice su nombre bajito: derecha-“Cirana”, izquierda-“Cirana”, derecha-“Cirana”, izquierda-“Cirana”, derecha-“Cirana,
..Cuando entra a su casa la recibe Horacio con un maullido finito. Reclama el saludo que Cirana no le da porque deja el bolso en una silla y busca. Va a la cocina pero no, ahí no, vuelve al comedor, pero no encuentra a simple vista. Horacio la sigue de habitación a habitación y cada tanto la llama. Cirana entra a su cuarto. Del escritorio abre un cajón. Horacio se sube a la silla, asoma la cabecita para ver qué hace Cirana, maúlla un grito de reproche. Cirana revuelve el cajón y de la hoja que encuentra rompe la esquinita. Se sienta en la silla desplazando a Horacio que baja de un saltito no sin quejarse. Ahora Cirana se mueve más lento. Aplasta el papelito contra la mesa del escritorio, lo mira vacío. Horacio la observa callado desde el piso detenido al lado de su ovillito deshilachado. Casi sin mirar Cirana agarra una birome del lapicero y escribe chiquito y con letra linda

Te extraño
con eñe de entraña

..Cirana deja la birome y observa lo escrito en el papelito. Sigue respirando fuerte, no comprende. Lo lee en voz baja. Nada. Lo lee un poco más alto. Nada. Gira la cabeza y mira a Horacio al lado del ovillo. Mira el ovillo deshilachado. Arquea las cejas. Se para y busca en un estante el costurero. Lo baja y tira la tapa en la cama. Saca el primer hilo que ve. Apoya el costurero en el escritorio. Con los dientes corta una hebra celeste. Agarra el papelito recostado en el escritorio y hace un rollito. Con el hilito celeste lo enrolla delicadamente en su medio. Le da varias vueltas. Hace un nudito. Sostiene el rollito de papel parado entre el dedo índice y el pulgar. Lo mira de cerca unos segundos. Respira pausado. Camina hasta la mesita de luz, abre la cajita de madera que sólo adornaba esperando ser usada y lo deja adentro. Tapa la cajita. Se sienta en la cama y respira grande. Se descalza y se saca las medias. Horacio la mira desde al lado de un zapato, maúlla finito. Cirana lo alza, le acaricia la cabecita y la panza. Lo deja apoyado en su falda. Horacio da dos vueltas y se acuesta hecho una bolita. Ronronea. Respira grande.

22.10.08

Collage sobre El nombre de la Rosa (Humberto Eco)

I.
Quédate,
triste papel,
caminando el
resplandor de la mesa,
bestia de piel rutilante,
silbido seductor,
tierra de lujuria,
sabor de bofetadas.

II.
Recobrar mi terror o
al menos
asustadísimo
retroceder, avanzar
al horno
el umbral de gimiente sombra o
tal vez
gritar
en la boca del horno:
"¡Dios, la Beata Virgen y todos los santos del Paraíso me asistan ahora!"

III.
Las visiones de los
asesinos inoportunos
son sabios artificios
para iluminar ventanas
para regresar
para marcar
signos en las paredes

21.10.08

Cirana V

..Cirana toca el timbre y mira la hora. Se asombra de haber llegado puntual. Al rato Sofía abre la puerta y la recibe con un abrazo. Caminan juntas por el pasillo hasta la puerta “E” mientras Cirana le halaga el nuevo corte de pelo. Pasan a la cocina. Sofía saca la pava del fuego y prepara una panera con bizcochitos de grasa y galletitas de miel.

-Viniendo para acá me pasó algo muy raro. En el bondi me encontré con-¿te acordás de Franco, ese chico que te conté?
-¿Cuál, tu ex?
-Bueno, sí, me encontré con una chica-una de ese grupo, de esa época que salíamos. Fue raro, che. Estaba muy cambiada. En realidad fue incómodo. ¿Viste que es incómodo cuando te encontrás y sólo saludás porque te reconocés pero en realidad ya no conocés más a la persona porque hace mucho que no la ves-viste?
-Sí. Que no tenías ganas de saludarla,
-No, bueno, no es que no tenía “ganas”. No sé, fue raro. Incómodo. Me hizo acordar. Una sensación, pero me hizo acordar. Me quedó como feo gusto, ¿entendés?
-Ah ¿te quedaste pensando en Franco?
-No, no, no es que-Bueno, no importa. ¿Vos? ¿Cómo andás?

..Sofía le cuenta algunas novedades pero Cirana sigue pensando en el encuentro del colectivo. Y en el otro encuentro. El que quedó en su cuaderno. Cirana tiene ganas de seguir escribiendo. No es que no quiera escuchar a Sofía, le gusta ir a visitarla y charlar horas tomando mate pero a la vez siente una urgencia. Tiene que saber qué pasó con Franco cuando siguió andando arriba del colectivo. Saber qué paso con Cirana cuando bajó. Qué sintió el resto del día. Si lloró o si río sin parar recordando esa escena. Si se arrepintió. Se pregunta qué hubiera pasado si Cirana hubiera saludado a Franco desde el primer momento. Se pregunta qué pasaría si no tuviera esos tres lunares en la sien, ¿podrían no volver a reconocerse nunca? Incontables posibilidades se abren en el pensamiento de Cirana mientras Sofía la mira esperando algún gesto, algún comentario a lo que acaba de contarle.

-Si, está bien. Si vos estás contenta a mi me pone contenta por vos.
-Y sí. Me parece que es lo mejor, ¿no? Pero ya se verá. Tendrá que pasar un poco de tiempo. De última, siempre me puedo arrepentir.

..Suena el teléfono y Sofía corre a atender. Cirana ceba el mate y come una galletita. Vuelve a pensar en el colectivo, en Victoria y en Franco. Piensa en Franco alejándose en el colectivo. Acaricia sus “puntos suspensivos”. Destraba el flequillo de atrás de la oreja para que le caiga sobre el perfil. Ceba otro mate. Se siente un poco cansada. Como con los pies entristecidos. ¿Cómo hubiera actuado La-mujer-que-era? ¿Estaría pensando realmente como La-mujer-que-floreció? Come dos bizcochitos. Se lleva la mano a la frente, pasa los dedos con fuerza. Como queriendo borrar una idea.

-Este tipo me tiene ¡harta! No para de llamar y ya le dije cincuenta veces que tiene el número equivocado.
-¿Cómo? ¿Qué pasó? Tomá un mate.
-¡Es que me saca! Hace semanas que llama un tipo preguntando por una tal Leona, que ya le dije que acá no hay nadie, pero insiste insiste con que este es el número, incluso me dice la dirección de acá, no sé ya qué hacer.
-¿Cómo que te dice la dirección de acá? (Che, qué ricas estas galles)
-(¿Viste? Son de la panadería nueva de acá en la esquina) Si. Bueno. En realidad no es tAAAn raro me parece. Resulta que hace unos meses se mudó una mina acá. La nueva inquilina del D, una mina muy rara. ¿Viste esa gente que parece medio comoooo zen? Sí. Bueno, mezclado con un aire de diva, ¡qué sé yo! Un pinta rara, medio loca quizás. Bueno, no importa. Hace como un mes yo llegaba a casa a la noche y había un tipo en la puerta de su departamento tocando el timbre sin parar. Cuando yo cerraba mi puerta me preguntó si sabía si la mina estaba. Ahí me enteré de que se llama Leona. Y bueno, ¿cuánnnntas “Leona” puede haber en un mismo barrio? Bueno, mejor dicho, cuántas Leona puede haber, ¿no? Para mí que este tipo que llama tiene algún número equivocado y en realidad es para ella.
-¿Y por qué no le avisás a la mina? Preguntale el nombre al tipo y decile, a ver si lo conoce.
-Noooo nononono. Yo no me meto. ¡Andá a saber! Qué se yo quién este tipo, quién es la mina, qué historia tienen. No. Yo no me meto. Además ese día que el hombre estuvo tocando el timbre, yo miré al rato por la mirilla de la puerta y veía que la luz del departamento de la mujer estaba prendida, así que supongo que ella no le quería abrir.
-¡Y pero por ahí le había pasado algo! ¿No se asustaron de que no contestara?
-Nooooo. Qué se yo. Problema del tipo. Además se ve que la mina es de no contestar mucho. Un montón de veces escuché que deja sonar el teléfono y no atiende. Y ella está en el departamento, eh, sí.
-¿Cómo sabés que está?
-Y, porque la escucho que entra o porque suele poner música como medio oriental, de esas de relajación, ¿viste?
-¿Ponemos más agua? Y cambiemos la yerba que esto está hecho una sopita.
Che, Sofí, si vos te encontraras con Martín ,¿creés que lo saludarías?
-¿A Martín? Si, supongo que sí. Sería un poco incómodo, pero sí. Bueno, depende. Si nos vemos nos tenemos que saludar, pero si lo veo muy de lejos no sé si iría especiaaaaalmente a saludarlo. También depende de con quién estuviera. Si estuviera con una mina ni loca me acerco. Pero si yo estuviera con Diego ¡si! ¡Ja! Eso me encantaría. Que me vea con Diego supongo que le afectaría aunque sea un poco. ¿Por? ¿¿Lo viste??
-No, no. Preguntaba nomás.
-Aaaah, ya sé. ¿Tanto te impactó ver a la mina esa que te encontraste en el bondi?
-No, bueno, no sé, siempre que me tomo el 108 para venir acá pienso que me puedo encontrar con Franco, y esta vez no fue él pero de alguna manera casi que sí, ¿no?
-Martín mmm qué será de su vida ¡Hace tanto no sé nada de él! Yo estoy re bien con Diego, pero, a ver, es como que con Martín quedó algo pendiente no sé, como un perdón,

..Sofía siguió hablando pero Cirana dejó de escuchar en esa palabra. “Perdón”. Fue como si hubiera activado una pausa. O un play. Volvió a ver cómo se iba el colectivo con Franco arriba recién enterado de que Cirana había estado sentada junto a él. “Perdón” era la palabra justa para la idea que la había detenido hacía unos minutos. Una historia de perdones se desenvolvía como un rollo de fotos. O de papel higiénico. Un rollo para Franco, otro para su mamá, otro para su papá, otros para sus amigos, otro para, otro, otro. Cirana piensa si la historia de una vida se podrá contar a través de la historia de sus perdones.

-…¿me entendés?
-Sí, claro. Es comprensible. Martín y vos pasaron muchas cosas juntos, no tiene nada que ver con Diego.
-Claro. Igual ya está. No creo que lo vuelva a ver. Es casi imposible que nos podamos cruzar por ahí. Y aunque nos encontráramos y nos saludáramos, creo que ninguno de los dos hablaría de ese perdón. ¿Me das un pucho?
-Tomá, vos sacá el agua que va a hervir.
-Uy, sí, que boluda, me hacés pensar en estas cosas y me olvido de qué estaba haciendo. Además, yo pienso, ¿no? Martín nunca me pidió perdón. Quiero decir, cada vez que se mandaba alguna hacía toda la escena del arrepentimiennnnto y de la cullllpa, pero en verdad, nunca me pedía perdón. Yo tampoco lo perdonaba. Bueno, ¿pero qué es perdonar? Las cosas que realmente merecen hablar de perdón, no sé. Si perdonar significa que te olvidás o que te acordás pero sin bronca o sin tristeza, no se puede perdonar. (Tomá con cuidado que está re caliente)
-Sí, puede ser (ya me quemé, qué boluda). Ponele, cuando yo era chiquita, tenía un muñeco, el Mono Jorge, no te rías, de verdad, yo lo quería un montón, tenía un gorra roja y un chaleco que decía “George” me acuerdo. Una vez, jugando con mi hermano, él se hacia el que lo tiraba alto alto y yo como que trataba de atraparlo, pero siempre lo agarraba él y lo volvía a tirar. Me acuerdo re bien. Estábamos en el pasillo de casa que tiene todo un ventanal al costado, y en una de esas, Jorge sale por la ventana. Sí, ahora me río, pero en el momento no fue nada gracioso. No me olvido más cómo se le transformó la cara a mi hermano. Yo me puse a llorar al instante, y mi vieja vino a ver qué pasaba, segura de que nos estábamos peleando como siempre que empezábamos a jugar. Cuestión que trajo una escalera y vimos que Jorge había caído al vacío, porque esos ventanales daban al tragaluz del edificio, así que ahí estaba, ahí tiradito boca abajo, sobre una botella rota me acuerdo. Al final el portero, Víctor, lo sacó no sé cómo, pero el Mono Jorge vino con un tajo en el brazo y un ojo menos. Después mi mamá lo cosió y le puso otro ojo, pero igual, yo veía la costura, ¿entendés? Y aunque el ojo que le puso hubiera sido igual al otro, yo siempre iba a saber que ese no era su ojo. No me importaba nada el perdón de mi hermano. Él lloraba, se sentía realmente mal, además no lo había hecho a propósito, pero igual, yo no lo iba a poder perdonar, porque no me alcanzaba, ese no era el ojo del mono, y esa costura no estaba ahí,
-¿Ya me puedo reír? Creo que no estaba pensando en algo así cuando te decía “cosas que realmente merecen hablar de perdón”, pero está bien, entiendo la metáfora.

..Cirana piensa que Sofía no entiende. No se trata de una metáfora. Ella siente eso cuando pide o le piden perdón. Cirana sabe que no tiene sentido corregir lo que escribió en su cuaderno.
Sofía y Cirana cambian varias veces de tema, fuman unos cuantos cigarrillos, toman más mate, después café, después nada.
Cirana se va. Sofía no la acompaña hasta la puerta de calle porque ve que alguien entra.

-¡Mirá, es esa, es esa! Mi vecina nueva la rara la del tipo que llama Leona

..Se despiden rápido y Cirana se apura por el pasillo para llegar hasta la mujer que la espera sosteniendo la puerta. Le agradece. La mujer le devuelve las gracias. Cuando Cirana atraviesa la puerta, ve caído en el escalón de la entrada un pañuelito azul. Lo levanta, se da vuelta, aún sosteniendo la puerta, llama a la mujer.

-¡Disculpá!, ¿esto es tuyo? Me parece que se te cayó

..La mujer abre bien grande los ojos y corre a buscarlo. Le sonríe y suspira. “Gracias”. Lo encierra en su puño. Cirana sale y cierra la puerta.

16.9.08

Cirana IV


..Una cana en el flequillo. Tres lunares alineados bajando por la sien derecha. Dos pecas en cada hombro. Los meñiques levemente torcidos. Un lunar al lado del ombligo. Una manchita marrón en el muslo izquierdo. Una cicatriz en la rodilla derecha. Los pies planos.
..Cirana se mira desnuda al espejo:

Marca
mancha,
Seña
señala,
Rasgo
desgarra.
Las más-caras no alcanzan
Todas la marcas:
una cara
inevitable

..Ahí se detiene Cirana. No quiere seguir escuchándose. Se viste, agarra su bolso, las llaves y sale a la calle.
..Camina dos cuadras hasta la parada del 108. Prende un cigarrillo. Dos minutos y el colectivo llega. Tira el cigarrillo. Sube y pide un boleto de $1. Encuentra lugar entre los asientos de uno. El colectivo recorre cinco cuadras hasta la siguiente parada. Cirana mira la puerta. Suben tres mujeres. Reconoce a una. Ella también la ve y hace un gesto de sorpresa. Saca el boleto y camina hasta el asiento de Cirana. Se para junto a ella. Se saludan.
..Cirana hubiera preferido no haberse encontrado con Victoria. Victoria también. Pero han tomado el mismo colectivo y se han visto.
..Cirana nota que Victoria está algo cambiada. Tiene el pelo rojizo, el cuerpo más flaco y usa anteojos. Pero no es lo único. Cirana la observa con atención mientras charlan. Trata de entender qué es diferente. Hay algo extraño en su expresión y en el modo en que está vestida. Parece comprensible, después de todo, pasaron cuatro años sin verse. Pero Victoria no se ve extrañada con el aspecto de Cirana ni con su modo de hablar. No le ha costado reconocerla. Eso hace sentir un poco incómoda a Cirana y deja de escuchar mientras Victoria le cuenta de su trabajo. Piensa que tal vez sí haya notado sus cambios, pero se comporta como si no -así como Cirana tampoco le demuestra su extrañeza. Cirana se esfuerza por hablar de cierto modo. De un modo que cree que Victoria no espera. Victoria hace lo mismo.
..Ninguna pregunta por Franco. Ninguna menciona la época en que él y Cirana estaban juntos. Tampoco al resto de las personas que tuvieron en común. Pero Cirana sabe que, sin embargo, el hecho de que ellas estén conversando, inevitablemente le da existencia a todo eso que no nombran. Franco, Javier, Hernán, Marina y el resto de los que se juntaban en La Plaza. La Plaza misma. Franco mismo. Franco con el brazo sobre los hombros de Cirana. Todo eso habita el pasillo del 108 mientras Cirana y Victoria se esfuerzan por hablar como Cirana y Victoria cuatro años después de no verse.
..Se acerca la parada de Victoria. Comienzan a despedirse y antes de bajar:
– ¿Sabés qué? ni bien te vi no estuve segura de que fueras vos, pero justo te corriste el flequillo y tenías los tres, ja, ¿cómo era? ¿tus “puntos suspensivos”? –dice Victoria con una semisonrisa. Cirana no dice nada. Se desean suerte, se saludan y Victoria baja. Cirana sigue viaje.

Marca
mancha,
Seña
señala,
Rasgo
desgarra.
Las más-caras no alcanzan
Todas las marcas:
una cara
inevitable

repite Cirana para adentro, como un cantito. Cirana revisa el recorrido del 108 en la Guía-T. Por suerte falta bastante para llegar a la casa de Sofía. Saca un cuaderno y un lápiz de su bolso.

Como cada vez que tomo el 108 para ir a visitar a Sofía, vino a mí la imagen de Franco acompañándome a la parada y el miedo breve de verlo desde la ventanilla, caminando por la calle o peor, subiéndose al colectivo.
El 108 no tardó en venir. Tiré el cigarrillo en al agua del cordón y subí. Como todo el mundo, prefiero los asientos de una persona, pero sólo había lugar entre los de dos. Me senté del lado del pasillo junto a una señora y saqué el libro que llevaba en el bolso.
El colectivo no recorrió más de cinco cuadras hasta la parada siguiente. Pasando de página alzo la cabeza y veo que suben tres hombres: reconozco a uno. Como un acto reflejo inmediatamente me hundo en el libro. Sin mover un músculo levanto la mirada para asegurarme.
“No cambió nada absolutamente nada podría reconocerlo a una cuadra de distancia”, me dije.
Miré rápidamente el colectivo y vi que todos los asientos estaban ocupados. Los dos hombres que subieron primero se iban ubicando a lo largo del colectivo y, mientras yo hacía fuerza para no mirar por dónde iba Franco, fugazmente pensé que tal vez lo mejor era que me viera, de esa manera él también evitaría…tarde. Por supuesto, el día que sucediera sucedería con todas las regalas de una pesadilla: Franco se detuvo a mi lado.
Evidentemente no me había visto, así que contaba con tres opciones: saludarlo, hacer que me viera para que él tomara la decisión de saludarme o alejarse, o esperar con el estomago hecho un puño que pasara algo. Mientras tanto, seguía con la mirada enterrada en la misma página en la misma palabra.
La voz de la señora sentada a mi lado me sacudió: “¿Me permitís, nena?”. Me levanté sosteniendo la mirada en el suelo y la dejé pasar. Ya no había mucho por dudar ni por decidir. Paradita ahí lo miré a Franco dispuesta a saludarlo y asumir el momento incómodo y protocolar de ese tipo de encuentros. Ya con el gesto en la cara y el aire suficiente para decir “hola”, Franco me interrumpió: “Permiso…”, lo dijo mirándome ciertamente a los ojos. Tuve que tragarme el gesto y el aire. Creo que me puse colorada. Desorientada, lo dejé pasar del lado de la ventanilla y volví a sentarme. ¿Me habría equivocado? ¿Sería Franco realmente? Había pasado tanto tiempo que quizás
quizás estar en el 108, algo como una sugestión, tantas veces imaginándome si
Volví a hundirme en el libro pero inclinando los ojos para volver a mirarlo y ver mejor. Buscaba algo en su mochila, revolvía las cosas sin parar, abría y cerraba bolsillos. Al rato encontró lo que buscaba. Decididamente era Franco. Recordaba perfectamente esa billetera. Tengo la estúpida especial habilidad de recordar detalles triviales. Esa billetera no podía ser de nadie más que de Franco: tenía la mancha de tinta de la lapicera que le explotó en el bolsillo de la mochila, el broche que se le rompió el domingo que fuimos a comer empanadas al parque y colgando el llaverito con la cara de Fido Dido que se encontró en el andén de la estación Uruguay del subte de la línea B, cuando se agachó a levantar las monedas que se le habían caído.
El colectivo frenó de golpe y mi bolso junto con todo lo que tenía adentro cayó a nuestros pies. Me agaché rápido pero no llegué a evitar que Franco me ayudara a levantar las cosas. Mientras, yo repetía, inútilmente, “está bien está bien, gracias gracias”. Me incorporé en el asiento y Francme entregó lo que él había recogido.
guardando...............................
.......gracias..................... no es nada
(enrojeciendo)............... (sonriendo)
me corro el flequillo................................
·
·

·
.................................serio
Miré sobre su hombro por la ventana, era mi parada chau me paré bajé rápido.
Lo dejé tragando el gesto y el aire.

10.9.08

Cirana III

Nunca se sabrá cómo hay que contar esto

··escribe Cirana en la pantalla en blanco. Hoy se levantó temprano, desayunó té con miel y tostadas con manteca y mermelada de durazno. Se duchó. Se puso el vestido amarillo. Después de peinarse abrió todas las ventanas. Eligió un disco de esos de mañana y se sentó frente a la computadora con un cigarrillo sin encender en la mano.

Nunca se sabrá cómo hay que contar esto

··¿Cómo contar algo que no se sabe si ha ocurrido? ¿cómo trasmitir esa sensación sin dar por sentado si fue real o no? ¿Se puede escribir un secreto? ¿Qué pasaría después de escribirlo? ¿recordaría su escritura o su recuerdo? Cirana se pregunta todo a la vez y se va aplastando en la silla. El vestido se arruga contra el respaldo, los hombros caen lentos hacia delante y la cabeza inclinándose hacia abajo arrastra el flequillo sobre los ojos…
··Cirana se endereza y toma aire inflando el pecho. Se corre el pelo. Enciende el cigarrillo. Se detiene atenta un instante, como si escuchara algo que viene de lejos, algo que le nace una sonrisa con el aire que entra por las ventanas y ahora en su pecho. Algo que sí puede escribir.

Hay un hombre que habla y no se calla
Su calma me sana
Me asienta
Se sienta en mí
Sienta en mí
Se siente en mí
Me calma
Me da confianza
Me acoraja
Cuaja en mi cama
En mi almohada
En mi alma
Mi alma Es cuando escucha esa voz
otra vez
Que es esa
Que conozco
Que viene de antes
De más atrás
De mucho más atrás que atrás
De lo más primitivo de mí
Ese hombre que habla
no se calla
Suena
Juega
Calma
Templanza
Se acomoda y descansa
Me alcanza
Me descalza
Acolchona cualquier suelo
Cualquier pisada
Es una manta
Es una sábana
Patas de araña
Una mar
Una rama
Blandea aireada
Es mansa
Es una lengua
larga y liviana
Dibuja otra voz

Una mujer que escucha y no se cansa
Se para
Se saca
Se queda
Se detiene
Crece
Aparece ligera y se deja
Es llevada
Se hamaca
Se ensancha
Crece
Respira
Se oxigena
Amanece
Se colorea
Crece
Suave
Diáfana
Larga
No se cansa
Crece

Esa mujer me florece
cuando la voz del hombre
que habla y no se calla
me confianza

.

.

··Cirana salva el documento. Deja dos espacios en blanco. Vuelve a escribir con fuerza en los dedos.

.

Nunca sabré cómo hay que contar esto. Hay personas que no se callan nada, hablan, se deleitan escuchándose, se embelesan con las palabras, o con su voz, con los gestos de su voz. Se marean en la música de lo que dicen. A veces no entiendo bien de qué hablan y lo mismo me cautivan. Te hacen bailar como una serpiente encantada. A veces no importa lo que dicen porque hay un sonido más allá del sentido que crece entre el que habla y el que escucha, que se dibuja, que tiene una forma, una figura. Entonces no importa si el que habla o el que oye no saben bien qué. No importa si lo dicho es o fue o ninguna de las dos. A veces yo no sé si las cosas fueron o son o ninguna de las dos. Me pasa con las imágenes que me relato a medida que las veo o las experimento. Me pasa con los secretos. A veces me da miedo contar lo que guardo. Porque si lo guardo no lo mancho. Si lo guardo ahí está no se borra no se estropea no se mezcla con las acotaciones de los otros sus miradas de aprobación o de duda o simplemente de escuchar. Si lo guardo es así y es real. Porque nadie puede dudarlo. Porque nadie sabe.
A veces creo que si sólo yo sé, quizás no existe. ¿Dónde existen las cosas que ya pasaron, en el recuerdo? ¿Qué es el recuerdo? Que yo recuerde, por ejemplo, sólo yo ¿lo hace recuerdo? ¿Cuál es la diferencia entre un recuerdo que sólo yo recuerdo y algo que imaginé?
Pero si hablo y no callo, y dibujo con el sonido de las palabras, y abrazo a quien me oiga así, no va a importar si es un secreto mío o de varios, si lo que digo existió en algún espacio, no va a importar mucho qué. Voy a poder, entre tono y tono, entre curva y recta, como un punto más de la figura que dibujará mi voz, contar. Y florecer otra mujer. Una sin hombros pesados, de pelo liviano y colores blandos. Llevar mi nombre como un camisón y caminar atenta a dónde miro. Una mujer que se levanta a la mañana y desayuna café con leche y mermelada de durazno en tostadas. De día usa vestidos y polleras. De noche sueña apoyando todo el cuerpo en la cama. A la siesta descansa con ojos cerrados en la almohada y los sueños son tan livianos como el sol que aparece cuando la luz está apagada. Florece una mujer que escucha y no se cansa, habla y no calla. No duda, avanza. Sólo llora si es de día y si hace falta.

··Cirana deja de escribir. Hace falta llorar. Hace falta llorar cuando La-mujer-que-floreció se corta unas flores y las lleva a esa que era. La visita. Toman café. Se abrazan. La-mujer-que-era le muestra fotos y espejos. Lloran juntas. Hace falta llorar cuando los fantasmas se aparecen sonriendo. Miran y saludan a La-mujer-que-floreció como si fuera La-mujer-que-era. Porque La-mujer-que-floreció se pretende invisible. Cirana se pretende invisible. Cirana es La-mujer-que-floreció. Amaneció de otra mujer. Por eso mató a Franco.

1.8.08

Canción de

Hay un hombre que habla y no se calla
Su calma me sana
Me asienta
Se sienta en mí
Sienta en mí
Se siente en mí
Me calma
Me da confianza
Me acoraja
Cuaja en mi cama
En mi almohada
En mi alma
Mi alma Es cuando escucha esa voz
otra vez
Que es esa
Que conozco
Que viene de antes
De más atrás
De mucho más atrás que atrás
De lo más primitivo de mí
Ese hombre que habla
no se calla
Suena
Juega
Calma
Templanza
Se acomoda y descansa
Me alcanza
Me descalza
Acolchona cualquier suelo
Cualquier pisada
Es una manta
Es una sábana
Patas de araña
Una mar
Una rama
Blandea aireada
Es mansa
Es una lengua
larga y liviana
Dibuja otra voz

Una mujer que escucha y no se cansa
Se para
Se saca
Se queda
Se detiene
Crece
Aparece ligera y se deja
Es llevada
Se hamaca
Se ensancha
Crece
Respira
Se oxigena
Amanece
Se colorea
Crece
Suave
Diáfana
Larga
No se cansa
Crece

Esa mujer me florece
cuando la voz del hombre
que habla y no se calla
me confianza

Cirana II


Cirana. Quiere escribir. No sabe qué. Sabe que es domingo y hace frío, el día estuvo nublado. Sabe que le gusta la idea de escribir y que de fondo suene la canción que habla del arcoíris. La pone una y otra vez, la hace repetir. Cirana se prepara un café con leche para escribir. Se sienta en su computadora.
Termina el café con leche. Pone play otra vez a la canción del arcoíris. Enciende un cigarrillo. Mira su biblioteca. Se detiene en algunos libros. Se para. Se ata el pelo. Se saca el pulóver. Se vuelve a sentar a su computadora.
Apaga la colilla del cigarrillo en el cenicero. Presta atención a la canción del arcoíris. Se pone un poco triste. No sabe qué escribir. Tiene todas las letras en frente suyo, debajo sus manos. Tiene todas las posibilidades literalmente en sus manos. Podría escribir cualquier cosa. Pero no sabe qué. Se le entrecierran los ojos. La tristeza la cansa un poco. La vuelve lenta. Escribe algunas palabras y los dedos se mueven despacio. Se queda mirando cómo titila el cursor en la pantalla esperando que ella escriba. ¿Alguien espera que ella escriba? ¿Quién es? ¿Dónde está? ¿Y por qué espera que ella escriba? ¿Qué es eso que tiene que decirle? ¿Por qué Cirana quiere que Él la escriba?
Cirana lo convoca en su escritura.

Escribime
Dibujame en tu cuaderno sin tapas
Contame
Narrame
Dame un nombre
Un gesto
Un olor
Un color de piel
Un vestido
Construime
Escribime sola
Escribime riendo
Escribime distraída
Escribime besando
Escribime bailando
Escribime durmiendo
Escribime soñando con vos
Invitame
Escribime acá
En una montaña
En el barrio que quieras
En un bar
Cruzando la calle
Escribime cantando
Pintándome las uñas
Escribime dulce
O terrible
Escribime tormenta
Indiferente
Rencorosa
Mala

Cirana deja de escribir. Piensa. ¿Por qué quiere que él la escriba? Para que no se termine la historia. Para que ella siga siendo un personaje. Para que él siga siendo su personaje. ¿Por qué quiere que él siga siendo su personaje? Enciende otro cigarrillo. Él tiene que morir.
Cirana lo mata.
Franco es atropellado por un camión. [Borra] Por un colectivo. [Borra]
Franco va caminando por la calle, se tropieza con una cáscara de banana, cae en un pozo sin fondo y muere. [Borra]
Franco sale de su casa. Yo lo estoy esperando en la esquina. Tengo puesto un sobretodo negro y anteojos oscuros. Tengo un arma escondida en la parte interior del sobretodo. Franco llega a la esquina. Cae con el pecho sangrado. [Borra]
Aprendí las artes oscuras. Me compré un libro de embrujos. Sigo las instrucciones: preparo un muñeco vudú con la cara de Franco. Prendo una vela negra. Inserto una a una las siete agujas en el cuerpo del muñeco. La última en el corazón. [Borra] Preparé una poción. Llamé a Franco. Acordamos una cita en mi casa. Le sirvo café. Yo sólo tomo agua. Franco me pregunta qué tenía que decirle y cae de la silla. El café mancha la alfombra. [Borra]
Franco se va de vacaciones. Se toma el tren de las 18. El tren sale puntual de la estación. El tren toma mucha velocidad. Se bambolea. Frena de golpe en cada estación. Franco tiene un poco de miedo. Está mareado. A las 21 sirven la cena. A pesar del movimiento, Franco come todo el plato: “150 pasajeros mueren envenenados con raticida en la sopa”. [Borra]
Franco se va a dormir. Apaga la luz del velador. Se tapa con la frazada. Cierra los ojos. No sueña nada. Nunca más vuelve a despertar. [Borra]
Es domingo. Yo estoy frente a mi computadora tratando de escribir. Tengo música prendida pero no muy fuerte, en algún momento el disco termina y no me doy cuenta, estoy muy concentrada mirando la pantalla. Por eso me sobresalto cuando suena el teléfono. Una voz que no conozco me pregunta si yo soy Cirana Luzwik. Pregunto quién habla. “Mónica Lima”, responde y vuelve a preguntarme si yo soy Cirana Luzwik y si conozco a Franco Suardi. Me quedo callada un momento, quizás levanto las cejas. Pasaron años desde la última vez que había escuchado hablar de él. El miércoles serían cuatro exactamente. Respondo que sí, que soy yo, y pregunto nuevamente quién habla. Es la secretaria de la madre Franco. Sacó mi teléfono de la agenda de él -“todavía me guarda en su agenda, yo no”, pienso. Me explica que está llamando a todos los contactos de la agenda telefónica de Franco para darles la noticia. Ocurrió en la madrugada. No me dice cómo, no le hago preguntas. Anoto la dirección de la sala velatoria, digo gracias y corto. Me quedo al lado del teléfono pensando por qué guardaba todavía mi número en su agenda, “¿pensaría en llamarme algún día?” Vuelvo a la computadora y la apago.

25.5.08

es un amor que no puedo alcanzar
·
·
·
·
·
·
·
·
·
·
·
Sólo puedo amar así en sueños. Sólo puedo amar así en sueños. Sólo puedo amar así en sueños. Sólo puedo amar así en sueños. Sólo puedo amar así en sueños. Sólo puedo amar así en sueños. Sólo puedo amar así en sueños. Sólo puedo amar así en sueños. Sólo puedo amar así en sueños. Sólo puedo amar así en sueños. Sólo puedo amar así en sueños puedo amar así en sueños amar así en sueños así en sueños en sueños sueños
·
·
·
·

Cirana I

Recuérdenme un día de estos que cuente con detalle cómo conocí a Franco. No la primera vez que lo vi, ni la primera vez que nos despedimos en la puerta de mi casa. Digo “conocí” como el tiempo que lleva saber cuántos lunares tiene alguien en su espalda, como el tiempo que no alcanza y se sigue conociendo incluso de acá para atrás, del presente para el pasado. Como si no cambiara todo con el tiempo. Como un objeto, como un regalo de un viejo cumpleaños que nunca acabo de ver: puedo girarlo y observarlo en distintos ángulos, darlo vuelta y ver cómo le afecta la luz según va cambiando el día, o ánimo de mirar.
Ya sé que el tiempo no tiene el mismo efecto sobre las personas que sobre los objetos, pero con Franco las cosas son distintas. A él lo conservo como un regalo de un viejo cumpleaños en un estante de mi biblioteca.

Y cuando les diga cómo lo conocí, recuérdenme también que les cuente algunas bonitas historias de pesadillas despiertas, de recuerdos sólo soñados. Bonitas historias de Francos y Ciranas. Y cuando digo “Franco”, no digo el chico de pestañas negrísimas y brazos flacos. Digo Franco como el mundo-Franco. Digo yo en ese mundo: Cirana caminando por la calle con la cabeza inclinada hacia atrás para ver los balcones, Cirana contando cuántos pasos se necesitan para llegar del sillón del comedor a la mesa, o a la cocina, Cirana con el pelo negro sombra enrulándose en su cintura.

Y como en mi cintura se va a detener el relato, recuérdenme también que les cuente algunas anécdotas sabrosas de cuando Franco dejó de conocerme.
Entonces, recuérdenme, ya puestos a ser amigos, que les cuente algo sobre mí.

21.4.08

variaciones de un pretexto

"Arde la casa encendida
de besos y sombra amante
No puede pasar la vida
más honda y emocionante"
M.H.


pasa
la sombra
encendida
la casa
no puede
más arde
la vida
de besos
y honda
de amantes

sombra
de besos
arde
pasar
por la casa
más honda
y oscura
encendida
de vida

emocionante
arde la vida
de besos de sombras
encendida

20.12.07

Tierra cuando la rastrillo


Hacer surcos para sembrar
surcar el cuerpo y sembrarlo

Busco surcar un cuerpo para sembrarme

Arar la piel,
surcos en el pecho:
sembrar una mano,
surcos en el cuello:
sembrar besos,
surcos en la espalda:
sembrar el pecho,
el cuerpo arado
se abre en surcos
para sembrar

Busco surcar un cuerpo para sembrarme

Las manos rastrillo
aran,
la lengua pala
levanta la piel
entierra besos,
labios manos lengua
cubren los surcos.
Montoncitos de piel
en el cuerpo arado

Busco surcar un cuerpo para sembrarme

Surco tu cuerpo
Cuerpo arado
donde me siembro
voy a germinar

Voy a sembrarme en vos
Voy a germinar en tu espalda
en tu nuca
frente
boca
cuello
en tu panza
en tus piernas
y en las plantas de tus pies
y voy a regar
cada centímetro cuadrado de piel.
Que crezca la siembra y
rompa esa tierra

Vas a quedar florecido de mí

Me gusta escuchar
cómo ruge
tierra cuando la rastrillo

1.11.07

ASÍ

con el cuerpo dormido
y mudo
con un manojo de gritos
sueltos
por adentro del cuerpo
corriendo
una muchedumbre de gritos corriendo
como escapándose
de un lugar que se prende fuego

31.10.07

No fueron Jardines rojos. Edenes cautivos de placeres paradisíacos, dionisíacos y afrodisíacos. Las caricias fueron australes, pobres de calor, pobres de ritmo… ¿Acaso importa? Acaso importa, que le sonría a las caricias y a los manteles floreados que usábamos para cenar… ¿Acaso a mí me importa? Acaso me importa. Y si tengo ganas de extrañar las caricias o de pasármelas por las piernas, puedo hacerlo. Entonces importa, acaso.
Terminemos
las batallas, las épocas de dolores tremebundos, de podridos besos mohosos que se desintegran en mis manos, en cada manchita negra que sale de mis manos, negras negrísimas manos.
Esa mañana vos te amanecías y yo salía del baño toda espejumbrada, recién salida del espejo: bichito de azúcar.... remolino al revés.... miguita de pan.... cajita de algodón.... retazo de viento.... ojito de hormiga.. dientito de conejo.. florcita silvestre.. plantita verde, plantavenenosa, plantacarnívora¡PUF!

6.10.07

Fundación

Remo en el comedor
la cama de Remo en el comedor
Remo en su cama
Remo el sano en su cama

la tele en el comedor
el volumen
fuerte

Rómulo en su cuarto
Rómulo el enfermo tiene un cuarto
tiene mamá y papá open las 24hs
Rómulo el enfermo en su silencio-antiséptico-esterilizado cuarto

El volumen de la tele fuerte
más fuerte
más fuerte
El sano más sano
más sano
más sano
el volumen
fuerte más fuerte
más fuerte
más fuerte
el enfermo
enfermo más enfermo
más enfermo
más enfermo
el volumen más
fuerte más enfermo
el sano más
sano más enfermo
más fuerte más enfermo
más sano más enfermo
más

No me molestes
Me molestás
Me estás molestando


más fuerte más enfermo
más sano más enfermo
Más fuerte
Más sano
Más fuerte
Más sano
Más enfermo
Más enfermo
Más enfermo

Tramontina en la mesa del comedor

Más fuerte
Más sano
Más fuerte
Más sano
Más fuerte
Más sano
Más enfermo

No me molestes

Tramontina

Me estás molestando


Tramontina

Más fuerte
Más sano
Más
Más
Más
Más
MÁS

Para que aprendas a no molestarme

Y la espalda
la traición
en las sábanas de la cama de Remo
la cama del sano

Para que aprendas a no molestarme...


Remo no puede gritar
Rómulo descansa acostado en la cama charco rojo negro
observa a Remo aprendiendo la lección en el suelo

No hay sábanas
hay charco rojo negro
No hay aire
hay que estar tranquilo para poder respirar con un solo pulmón

27.9.07

Me pinto las manos de azul porque es un color que me trae lindos recuerdos. Es raro eso de los recuerdos lindos, porque ya pasaron y ahora es distinto que en el recuerdo, por eso digo “lindos”, por que ahora es distinto.
Ahora me pinto las manos de azul y no me acuerdo de Francisco. No recuerdo su altura ni su pelo negro como el fondo de los ojos. Dicen que los ojos son el reflejo del alma, para mí son ventanas abiertas. Por las ventanas de Francisco veía un puente. Él decía que lo había construido para mí, para ir al otro lado que lo hacía más feliz que este, el que estaba más acá de sus ojos. Los lados pueden ser confusos, los límites que determinan el lado en el que estás pueden ser confusos. No sé de qué lado estoy ahora… del mío, el lado de las manos azules.
Me gusta el azul, me gusta cómo suena el azul: la u queda suspendida en mis labios o el la punta de mis dedos y puedo jugar a hacer malabares como Francisco con la pelota. Francisco abría las manos y aparecía entre ellas. Francisco sabía acariciarse con la pelota, o la pelota lo acariciaba a él, viajaba por su cuerpo como una hormiga. No, como una hormiga no, como algo que se desliza, que fluye como la palabra fluir: de la u a la i algo fluye, ¿el sonido? Si tuviera que ubicar el sonido diría que está en los tambores. Siento tambores que repiquetean en mi cabeza. Me pesa la cabeza
¿en qué estaba?
azul… fluir… la pelota se desliza como por una rampa… por una pendiente… el cuerpo pendiente… tengo un cuerpo pendiente. El cuerpo de Francisco
Es difícil que aparezca el cuerpo, que sea un relieve en las palabras. Tanta palabra y tanto cuerpo pendiente que pende de un hilo o de algo más frágil. De un pelo por ejemplo, o de una gota. El cuerpo colgando entre las palabras y yo. No puedo tallar el relieve de ese cuerpo en palabras
Tengo que pintarme las manos de azul. Porque el azul no lastima, es un color que acaricia. Me pinto las manos de azul y hablo de Francisco y las palabras van a ser azules. Y si lo besara serían besos azules. Quiero besos azules

26.9.07



una bolsita con hojas
pasa de mano
en mano
después de cenar
un puñadito de hojas
en cada mano
un montoncito de hojas
en cada boca

pasa pasa
hojas verdes
sin tallito
de mano en mano
se amontonan
y se inflan
los cachetes
de la vieja
del músico
del hombre de negocios
del campesino
quedan hilvanados
hoja aguja
teje una trama
marca un ritmo
todas las bocas
se abren
se cierran
al unísono

20.9.07

La Isla del Sol, Bolivia

(haga "click" en la imagen para leer...)


14.9.07

Es por el peso en la curva de la espalda
Por la sangre que quema el músculo
Por los ojos sin dormir que
secos
arden
Es por el ritmo que
monótono
es vacío de sentido
Es por el sol

Detengo el movimiento
Levanto la cabeza
Miro el cielo

Es la duda
La duda siempre detiene la maquinaria
La máquina no duda
La duda me salva

28.8.07

yo digo que rotemos, cambiemos los lugares, fuguémonos como las líneas de los cuadros, como el centro que se fuga, que se escapa y no lo ves pero tenés una idea de él, lo presentís, lo ves alejarse constantemente
hoy caminaba por la calle buscando una panadería y pensaba: "y vos, me ves como una nena pero hay más, la unidad que rompe el círculo, la unidad adicional para que todo no esté dicho, para que te salves, para que elijas estar conmigo y verme como esa nena, la unidad que garantiza la continuación, el movimiento creciente, la unidad que..."

26.8.07

es la muerte de las ideas
del mensaje
de la comunicación
es la muerte de los significados
del sentido
es el movimiento cíclico
abstracto
circular
infinito
la muerte del cambio
del futuro
de la posibilidad
es el silencio
el encierro
lo mismo garchando con lo mismo
es el retorno
el eterno retorno
es Sísifo llegando a la cima con su roca
soy yo llorando a los 8, a los 9, a los 10, a los 11, a los 12, a los 15, a los 17, a los 20, a los 23

21.8.07

Arte Poética (II)

y que si se acaba el mundo
si el Apocalipsis
si los ángeles vienen o no vienen
y hacen los hombres
lo que hacen
y se salvan
o no
y si me hinché hinchada de aire caliente
y si reviento reventada como un chicle en mi cara
lo mismo estoy Acá
escribiendo
intelectual o no
mágica o no
éxito o fracaso
hay que mantener la tensión
mantenerse en la contradicción
en la incertidumbre
ser zen
ser Buda
ser más oriental que oriente
hay que esperar
que decante
que se termine de llenar la piñata
y que decante
o que explote
que resuene como un bombo legüero
y ¡PÁ!
se rompió el parche
y la piñata revienta
en indios de goma
Juan Moreira
gauchos de plástico
Martín Fierro
damas antiguas miniatura
Madame Bovary
La Princesa que está triste
burgueses de colores
Rastignac
soldaditos de caucho
Eneas
Quijote
Funes
Oliveira
y más
y más
y más
juguetes
de colores
y tamaños
varios
Platón
Virgilio
Horacio
Adorno
Benjamin
Sarlo
Barthes
Luckács
Viñas
lo mismo escribo
de lo que quiero
aunque el reflejo
y aunque la latinoamericaneidad
y la tierra y el indio
las luces de París
o el olor de la pachamama
lo mismo
lo mismo yo
Acá
o no
porque yo
Acá

He visto (I)

He visto a una mujer llevando un regalo envuelto en un moño azul que
sorprenderá a su esposo que
viajará mañana a visitar a su madre que
le presentará a su vecina que
se lamentará por sus dolores de cintura ante su hija que
se escapará esa noche con su novio que
la abandonará al mes siguiente por otra mujer que
para su cumpleaños le dará un regalo envuelto en un moño azul

He visto (II)

Hoy he visto a una mujer que
acababa de enviar una carta a su amado que
acababa de dejarla por otra mujer que
acababa de encontrar un perro que
acababa de ser perdido por su dueño que
acababa de insultar a su jefe que
acababa de abandonar a una mujer que
hoy he visto enviar una carta

He visto (III)

He visto una planta muerta
He visto un balcón olvidado
He visto un cuarto lleno de escombros
He visto una casa pudrirse

He visto una mujer entrar en la casa
La he visto abrir las ventanas
Llenar la casa de luz
La he visto bañar los pisos
Regar las paredes
La he visto preparar tortas en la cocina
Y hacer el amor en el balcón

He visto un hombre entrar en la casa
He visto un cuarto rojo volverse gris
He visto un balcón ser olvidado
He visto una planta morir
He visto a la mujer junto a la ventana escribiendo sin paz

VEO

He visto a una nena jugar a contar las baldosas de la vereda
He visto al chico que pasaba a su lado reír de ella
He visto a la chica que lo miró pensando que él nunca podría ser el amor de su vida
He visto a una señora juzgar que el rojo del pelo de la chica no era el adecuado
He visto al taxista que le miró el culo a la señora
He visto al colectivero que lo insultó por no atender al tránsito
He visto a la nena gritar “chau” al colectivo que pasaba
He visto a su madre tironearla del brazo

FATUM (II)

descansarás por 7 días
7 días serán tu descanso
tu descanso merecido
por
180 días de
no descansar

piensa en tus 7 días de descanso
piensa que en 7 días se puede crear el mundo
aprovecha tus 7 días de merecido descanso
demuestra que puedes aprovechar tu merecido descanso
demuestra que querías
que necesitabas
tu merecido descanso

recuerda que mereces ese descanso
recuerda que eres buena
inteligente
exitosa

descansa tus 7 días
sin olvidar que te lo mereces

Arte poética I (para leer escuchando música medieval)

No soy una académica
que fácil pueda decir
que para ser latinoamericana
del indio hay que escribir

No soy una doncella
que espera ver subir
su caballero andante
por su trenza de marfil

No quiero ser poeta
de palabras sin matiz
no quiero ser amante
de romances consonantes

Por eso con las mesmas
palabras que oí
voy a escreber un poema
que se parezca más a mí

Comienzo otra escritura
al ritmo del flautín
sin mojones ni vergüenza
un poema va a salir

Desprendo las espinas
que me espinaban por ahí
no duele-duele nada
todo es bello para mí

- Todo es bello pero sabes
que sin sangre non saldrá
debes sangrar rojo muerte
pa' que muera el espinar

Rojo muerte escribo entonces
no me canso de sangrar
que sangre bien sangrado
¡y que no vuelva a espinar!

- El rojo muerte ha desangrado
ya no mancha, agonizado
Poetisa, eres poema
¡que la espina no se atreva!

Instantánea

no me siento bien
como para llamarte
pero
necesito llamarte
para sentirme bien
¿Aprendiste a pisar estrellas?
Cuando yo piso, juego a payaso y no trato de comunicarme con vos
Te hago un embrujo y no jugás
L, de lamento, de lánguida de larga ele porque se estira suave como una caricia a lo largo del cuerpo, como una lamida. Ele por las largas noches de lamento y de lágrima larga lagunando la cama. Ele, capicúa para la suerte. Ele de laguna, agua que no desemboca.
A de hambre y, claro, de amor. A de angustias, ahogadas en la laguna de agua que no desemboca.
U. De huida de humo. De urgente, hundida en el agua de la laguna. U de un día. De última vez. De juntando uniones perdidas. De perfumes turbios, soluciones frustradas, jugar y pudrir. U de durante un tiempo. De hundida en la laguna de agua que no desemboca.
R de risa y rasguño, de rosca que enrosca la cabeza antes de ir a dormir. Erre de rabia, rodeada de frío, de ruta rota. Erre tartamuda, repetitiva, retinas rojas, rasgadas, resfriadas. Erre de alergia, y de alegría. Erre de error, de recaigo, recurro, susurro. Erre: fuerza que está en el medio del ser, en el medio de la laguna, concentra la rabia del agua que no desemboca.
A de apertura, de arriba, de salir a la superficie y
tomar aire. A de lluvia que hace crecer el agua de la laguna. A de abrir, de ampliar, de abrazar con los abrazos abiertos. A final que abre para que el agua corra
te acumulo en mi cama
te tapo
te sedimento
con sábanas y almohadas
te acumulo
te sedimento
te escombro el cuerpo
te acumulo en mi cama
brazos abrazos ronquidos
te acumulo

me expulsás de mi cama
no entro
no quepo
me caigo de mi cama
te acumulo y me caigo
me sobresalgo
sobreabundo en mi cama
redundo en mi cama
rebalso la cama acumulada de vos

Punto de fuga (I)

Como arrastro pesado
el aire de metal como aire ancla
como aire sin poros.
Como arrastro pesado
el aire de metal como arrastro los hombros para caminar
como arrastro un grito
Como arrastro pesado
el aire de metal,
arrastro pesado palabras.
Escribo pesado
arrastrando el sentido sentido que no puedo
más que arrastrar
como arrastro pesado
el aire de metal.
Y surco el papel
aro el papel
papel arado para sembrar
arrastro
pesado
el aire
de metal
en secreto
contando
una historia
atropellada
por el ruido
enterrado
en mi
recuerdo de jugar

Gargantarroja

CANTAR CON LA BOCA ABIERTA
CON LA GARGANTA ROJA
GARGANTA ROJA
SIN ARENA
CON AMOR
CANTAR DE GARGANTA ABIERTA
Y AMASAR UN CANTO QUE AMANEZCA LEVADO
LAVAR LAS MANOS EN LA GARGANTA ROJA DE CANTO
UN CANTO PARÁSITO DE AMANTES
RAJAR LA GARGANTA
GRIETA PROFUNDA HASTA LA PANZA
HASTA ACABAR CON LA PANZA

19.8.07

...pienso si esta pócima que hicimos es poción o veneno

FATUM (I)

Come las palabras de tu padre
Mastica sus gestos
Traga los insultos
Desayuna las quejas de tu madre
Almuerza los dolores de tu abuela
Cena los gritos de tu hermano
Yduermehastamañanasidiosquiere

cómo escuchar un poema entre
tanta palabra pelada
palabras con pelos busco
te espina
te aguja
te espina
todos los días
cuando estás distraída
haciendo cualquier cosa
atenta a que te espina
te espina en los ojos
en los párpados
y los cerrás
porque sabés
que te espina
cerrás una vez
y sabés
te está espinando
no cede
cerrás otra vez
te espina
cuatro veces cerraste los párpados
no podés seguir
distraída
estás atenta a que te espina
no podés seguir
haciendo cualquier cosa
"¿por qué espina?"
"¿por qué espina?"
apretás los labios
ahora te aguja
y querés saber
sólo querés saber
por qué
cuando estás
distraída
haciendo cualquier cosa
estás atenta
y te espina